PRESENTACION

Dice Carmen Jodra, en uno de los versos de su libro Las moras agraces, que "me ha sido revelada mi misión". Y otro tanto parece sugerir Pilar Cuenca cuando, tras renunciar al mundo y a sus oficios y liturgias, se ha echado a la mar de piedra y bronce que es la escultura. Y entre hermosas navegaciones avanza, girando como un buque fantasma en una tormenta mientras hace sonar la música de su trabajo y delicada sensibilidad como una alquimista embozada entre los azufres y al umbres de la noche.

Porque los bultos y relieves de Pilar no son solamente quedas e inmóviles estatuas que nos miran. Además hacen preguntas y ofrecen algunas respuestas y nos interpelan el alma y escudriñan nuestros adentros. Porque piedras, bronces y arcillas emiten delicados y misteriosos discursos que la mano paciente y diestra de Pilar organiza lentamente hasta obtener una caja de música de donde nacen voces antiguas y nuestras para nuestra alegría y consolación.

Como una esmeralda en un escriño, así es el trabajo de Pilar Cuenca. Un trabajo amoroso, silente, perfumado de talento y sensibilidad. Como el vuelo de un pájaro solitario atravesando el aire, como una voz que clama en el desierto.

Alejandro Sanz Peinado.